+ Abrir categorías

EL MARICA, LA BRUJA Y EL ARMARIO. Homofobia femenina y misoginia gay en el cine, por Eduardo Nabal

Estás páginas sobre el cine como constructor de un imaginario compartido, que refleja y a la vez distorsiona o incluso (re) crea la realidad, requieren una breve aclaración semántica.
Los términos marica y bruja deben ser tomados en su sentido más peyorativo, simplón y estandarizado para que el título tenga el sentido que espero dar al texto que lo desarrolla. Es decir, aquí es la bruja quién dice, insultando: “marica” o “maricón” y es el marica el que grita con ánimo ofensivo e injurioso: “bruja”, refiriéndose a una mujer que considera malvada, tan malvada como las brujas de algunos relatos tradicionales, sobre todo en su versión a lo Walt Disney (de la madrastra de Blancanieves a Cruella de Ville). Y somos nosotros los que aportamos el concepto teórico y, sobre todo, activista gay-lésbico- queer de “armario” (closet) como espacio simbólico –y en ocasiones no tan simbólico- de encierro y ocultación (¿es eso del todo posible?) de la homosexualidad, en este caso masculina. Un espacio discursivo y de gestión del silencio o el sobrentendido que en la literatura ha sido sobradamente analizado por teóricas de la talla de Eve Kosofsky Sedgwick en su imprescindible trabajo “Epistemología delarmario”2. Marica debe ser, pues, despojado de su carga positiva y/o performativa, de apropiación orgullosa del insulto (queer) y bruja del sentido original, reivindicado por muchas autoras feministas y/o lesbianas, de “mujer sabia, estigmatizada, “poco femenina”, lesbiana, temida y perseguida sobre todo por sus conocimientos y prácticas heréticas o por haber
cuidado y estudiado la salud de otras mujeres antes de la llegada/invasión del poder/saber de
sacerdotes y médicos”. Marica es aquí un insulto en toda regla y Bruja también, ambos deben ser tomados como tales y como nos enseñaron a usarlos desde pequeños, como los aprendimos de los cuentos, los progenitores, los educadores y otros cuentistas infantiles. Por ejemplo lasbrujas de Andersen, los hermanos Grimm o James Barrie o, peor aún, las diseñadas por la sacrosanta y glotona factoría Disney mal leyendo y banalizando a éstos u otros autores. Los maricas también son dibujados por discursos y prácticas cotidianas o representaciones culturales que quedan grabadas en nuestra memoria: diseñados por los discursos del cura del colegio, de
los insultos callejeros, de lo aprendido en algunos círculos familaristas o de, por ejemplo, entrenador homófobo de más de un equipo de fútbol masculino juvenil. El armario es el secreto en que el marica se encierra o lo encierran los demás -por ejemplo brujas y, sobre todo, brujos y ogros investidos de nuevos, y no tan nuevos, poderes incuestionados- y también un espacio de la personalidad del varón gay donde se supone, muchos lo afirman, que escondemos, o no, nuestra “misoginia” nuestro “odio o desprecio hacia las mujeres”. Algo sobre lo que Niall Richardson, estudioso, entre otros, de este tema ha dicho: la misoginia del hombre gay ha devenido en un cliché.3

 El Libro.

RECOMENDAR A MIS AMIG@S

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Categorias