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La mujer no colonizada, por Josep Giralt

“Con la recuperación de la palabra de los demás nuestra vida es menos muerta”.  (Montserrat Roig)

“O bien ningún miembro de la raza humana posee verdaderos derechos, o bien todos tenemos los mismos; aquel que vota en contra de los derechos de otro, cualesquiera que sea su religion, su color o su sexo, está abjurando de ese modo de los suyos». (Concordet)

Nos llevábamos más de veinte años, pero eso no impidió que llegásemos a ser grandes amigos. Orquídea Sierra era la madre de los hermanos Cabello, mis mejores compañeros en el instituto. En un principio no tenía que haber sido más que eso, pero afortunadamente para mí se convirtió en una de las personas que más me ha enseñado a lo largo de la vida.  Lo hizo de la única forma que ella sabía hacerlo, sin  darse la más mínima importancia. A menudo pienso que el verdadero heroísmo debería pertenecer a personas anónimas como ella. Aquellas que pasan por la vida sin salir en los titulares de los periódicos, ni acuden a grandes fastos, ni presumen de amistades dependiendo de su rango y apellidos. Orquídea no nació para el grito, sino para el silencio. No nació para el combate, sino para la calma. Ella nos enseñó cómo se puede vivir con dignidad y coherencia hasta el final. Como la mayoría de heroínas invisibles de su generación; su vida fue un ejemplo de constante lucha, hasta el último minuto de su existencia.

Sweet Charity es la ópera prima de Bob Fosse; libre adaptación de Las noches de Cabiria, de Federico Fellini. La película es un emotivo musical a favor de la libertad individual. Es la búsqueda por encontrar espacio en un mundo poco ecuánime intolerante. La lucha por conseguir un universo donde la diferencia, no sea motivo de exclusión, sino un valor innegociable. Charity Hope Valentine, interpretado por Shirley MacLaine, es una camarera de Music hall que busca el amor, pero que sufre un fracaso amoroso tras otro.Charity es un canto a la vida, pero no una vida cualquiera. La protagonista nos muestra como el miedo y los convencionalismos pueden malograr los sueños. Y como por su causa,infinidad de vidas mueren sin haber acabado de nacer.

Cada cual de nosotros  se “hace” también  gracias a los demás y, en la relación que establecemos unos y otros pueden hallarse respuestas ante algunos enigmas. O, por lo menos, compartir la angustia ante esos enigmas.  Orquídea era una especialista a la hora de  indignarse y compartir su inquietud y enfado. Las injusticias, la soberbia y el cinismo característico del poder y de cierta clase política la sacaban de quicio. Aquella forma suya de protestar,  tan enérgica y  particular, rehuyendo las broncas, pero al mismo tiempo exaltada, la hacía sumamente especial.  Ver como una señora  de la edad de mi madre se subía por las paredes como si fuese uno más de nosotros, la metió de inmediato en  nuestro bolsillo. 

La gran mayoría de mujeres de aquella época saben muy bien lo que significa el exilio interior.Orquídea combatió  silenciosamente para no ser devorada por el canibalismo legal y religioso del franquismo.  Su padre, Manuel Sierra,  Capitán anarquista murió en la cruel batalla del Montsec, lo que significó quedarse con una madre rota ausente y frágil para el resto de sus días.  Sus nietos recuerdan vagamente visitar a su abuela en una institución psiquiátrica, pero nadie les dio más explicaciones. Con la  muerte del Capitán Sierra se truncó y determinó el destino de la pequeña Orquídea.

Lo más asombroso es comprobar cómo pasado el tiempo, ella fue capaz de sobreponerse a las más penosas circunstancias. Orquídea al igual que “Charity” tuvo  la habilidad y el coraje de escaparse, de un destino tan estrecho como una tumba. Se separó del padre de sus tres hijos, (nunca llegaron a casarse), dejando atrás una vida convencional y  cómoda por un futuro mucho más inseguro.  Tras separarse se quedó en la calle,  sin casa,  sin trabajo y  en un principio sin sus hijos. Poco tiempo después los tres volverían junto a ella, acabando sus respectivas carreras. Nunca contempló  la posibilidad de que abandonasen sus estudios. El pago de tanto dolor y miedo fue para siempre la conquista de su libertad.

Recuerdo que en una de las muchas conversaciones que mantuvimos me dijo: “si tuviésemos la capacidad de ver por una ventana la realidad de las parejas, nos daríamos cuenta de la cantidad de intereses creados, mentiras y miedos que hay en todas ellas”.  Me lo dijo sin rencor, ni remordimientos, pero con la seguridad del que sabe que en la vida la lucha por ser uno mismo tiene un precio demasiado alto.

Montserrat Roig puntualiza con ejemplaridad la misma situación: “Mujeres doblemente colonizadas, como cuerpo y como mente. Exiliadas en su totalidad.  Tratadas como imbéciles por la  ley franquista que retrocedió siglos. Devueltas a la pura naturaleza, “sublimadas” como madres, relegadas a la cárcel dorada y sagrada del hogar, donde las más inteligentes e imaginativas, ahogaban suspiros de resentimiento o resignación.”

La película tiene profundas reflexiones acerca de la vida, continuas referencias al sexo en los diálogos y un intento desesperado por ensalzar el amor. Bien ensamblada, inteligente, audaz y con toque de cinismo a la hora de criticar los convencionalismos sociales, el único problema de “Sweet Charity” es que posiblemente aburra a los detractores del musical americano.

En definitiva un film para disfrutar, para reflexionar y para ver con la mente bien despierta. Una espectacular y bellísima Shirley MacLaine es sin duda el alma de una película arrebatadora, con momentos de gran belleza y poder de fascinación. Un musical Repleto de vibrantes números musicales. El estupendo baile protagonizado por Sammy Davis Jr, «The rhythm of life» es uno de los más geniales y divertidos de la historia del cine.

En España no se llegó a estrenar nunca en las salas comerciales. Como musical no es de los más reconocidos, pero dejó una marca imborrable: Bob Fosse, (anterior a Cabaret) se consolidaba con  su estilo coreográfico de movimientos fragmentados, pausas y seducción, mientras que Coleman y Fields dejaban marcas importantes en el género con sus canciones. En definitiva, una producción inolvidable, un clásico de todos los tiempos.

Orquídea siempre estuvo acompañada de amigos, música y libros. Adoraba la música clásica, pero también solía disfrutar con Standards de Sinatra, Streisand, Fitzgerald o Pavarotti. Los musicales clásicos de Hollywood también formaban parte de sus ratos de diversión. Disfrutaba enormemente con sus coreografías y canciones. Cuando acudimos juntos a ver “todos dicen I love you” de Woody Allen regresamos todo el camino cantando “Wakin Whopee”. Qué fácil  resulta olvidarse de la edad cuando se es libre.

Ella me mostró cómo romper las barreras generacionales que a menudo impiden la comunicación. No era una persona a la que le gustase hablar de sí misma, pero agradecía enormemente que confiases en ella.  Pero por encima de cualquier otra cosa, me enseñó el denostado valor de la dignidad y de la humildad. Posiblemente tenía defectos, que como todos nosotros pago irrevocablemente, pero fue una persona sin maldad alguna. Como dice Virginia Woolf en Orlando: “si hay setenta y seis tiempos  distintos que laten  a la vez en el alma , ¿cuántas personas diferentes no habrá que se alojen, en uno u otro sitio, en cada espíritu humano?”.

Nuestra amistad  no empezó de la mejor forma, pero me la fui ganando poco a poco. Éramos muy jóvenes y yo principalmente no sabía que hacer con mi futuro.  Supongo que no me debía ver como una buena influencia para sus hijos. No se trataba de una cuestión de clase, sino más bien que le molestaba mi aparente insustancialidad. En realidad, yo era por aquel entonces un joven  estudiante absolutamente perdido y enojado permanentemente con mi padre.  En definitiva, un rebelde sin la valentía de serlo y un hombre que no se atrevía a volar, amparado en el  sentimiento de culpa por miedo a abandonar a mi  hermana enferma. Ciertamente, no fue la mejor manera de empezar,  pero aquella familia fue durante muchos años un refugio, una fiesta y sin duda alguna la mejor universidad del mundo.

No era una persona interesada; era cumplidora, digna y generosa. Si podía evitarlo, no pedía nada a nadie. Y lo daba todo. Una de nuestras momentos más divertidos, era cuando a la salida del cine nos parábamos ante el escaparate de alguna inmobiliaria y nos partíamos de risa. ¿Cómo era posible pagar aquella  cantidad inmoral de millones por casas que no valían ni la mitad? Nos parecía mentira que aquello no produjese el cabreo general de la ciudadanía. ¿Qué diría hoy de la decepción colectiva que estamos sufriendo?.

Orquídea Sierra falleció como consecuencia de una negligencia médica. Durante tiempo acudió al médico, pero no supieron diagnosticarle la magnitud de la enfermedad. Estuvo quejándose de dolores intestinales -sin que la hiciesen ningún caso- hasta que ya fue demasiado tarde.  La última vez que la vi estaba postrada en la habitación donde tocaba el piano. En una estantería pude ver una fotografía donde estábamos todo el grupo de amigos  y los calmantes que presagiaban la peor de las noticias. Me cogió de la mano y  me susurró que nos quería mucho. Me sucedió lo mismo que con mi padre. Pensé que nada de lo que ocurriese a partir de aquel momento en el mundo tendría la misma importancia. Volví a casa pensando que hay personas que no deberían desaparecer nunca. Su permanente insatisfacción con el sistema, su animadversión a los conflictos, su mirada crítica y su bondad eran una lección para todos nosotros. No hubo ceremonia religiosa, ni ningún acto fúnebre. Se marchó silenciosamente, igual que hizo su padre 70 años antes.

La única coincidencia  de “Charity” con Orquídea es que se trataba de dos seres bondadosos y originales en busca de un destino mejor. Una permaneció imbuida por los estereotipos de una sociedad machista y la otra intentó coger las riendas de su vida luchando contra el poder patriarcal y el poder establecido. De nuevo la conciencia como destino.

Fuente: El País

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