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Evelyn (Mi experiencia en el lado oscuro de la prostitución), por Isabel de Ocampo

“Evelyn” se estrena el próximo 8 de junio en los cines Renoir y es la primera obra de ficción española que aborda tan en profundidad el tema de la trata de mujeres para la explotación sexual en nuestro país. No tiene nada que ver con “Princesas”. Aquella película trataba de una prostituta libre que vendía su cuerpo para pagarse una operación estética.
La mía habla del proceso mental por el que a una mujer la convierten en una zombie, en un trozo de carne desposeído de autoestima con la personalidad fragmentada y dividida. Un estado mental y físico que se llama estrés post-traumático y del que nos habló el psicólogo Michael Korzinski de la Fundación Helen Bamber, una de las muchas personas a las que acudimos en busca de información para escribir el guion. Acostumbrado como estaba a tratar pacientes que habían sido torturados en Guantánamo, nos contó cómo los destrozos en la personalidad de los torturados son los mismos que observaba en las víctimas de trata.
De la misma manera que al realizar Miente me propuse abordar el tema con el mayor rigor y respeto posible, cuando Juanma Romero y yo nos enfrentamos al guion de “Evelyn” nos auto-impusimos una labor de investigación en primera persona. No me bastaban los intermediarios, los periodistas que cuentan sus impresiones, los libros y reportajes bienintencionados pero seducidos por el morbo, las opiniones y juicios de los que un día pasaban por allí… No. Quería ser yo misma la que escuchara esas historias; hablar y mirar a la cara de la gente relacionada con el negocio de la prostitución forzada, un negocio que según la ONU está alcanzando cifras de pandemia en el planeta. Quería sacar mis propias conclusiones.
El viaje fue muy duro. El pasado viernes 13 de abril, la Sexta emitió un reportaje sobre la esclavitud sexual que me hizo recordar el estupor y el asombro que nos produjo ese listado de multas encontrado en una de esas ‘cárceles’, que la policía también me enseñó a mí, y que incluimos en “Evelyn” como un elemento de atrezzo.
Yo no había hecho ningún curso ni taller que me preparara a escuchar las cosas que escuché. Por eso admiro profundamente a todas las ONG y asociaciones que se dedican a ayudar a las víctimas de trata, por la templanza que muestran, por la serenidad que transmiten cuando hablan del tema a los medios de comunicación, mordiéndose la lengua, supongo. Porque la sociedad en general muestra una ingenuidad alucinante cuando se habla de prostitución. Hace poco he leído un libro admirable escrito por una ex prostituta española que entró de forma libre y voluntaria en el negocio de la prostitución. Es una reflexión inteligente que va desmontando todos los mitos con una firmeza sorprendente. Lo recomiendo.
Pero lo más difícil al escribir el guion de “Evelyn” fue una pura cuestión de dosificación de la información. Siguiendo las reglas de la intuición dramática habíamos dejado el acontecimiento más fuerte para el clímax de la película. Terminada la primera versión del guion se la mandamos a un grupo de víctimas de trata para que nos diera su opinión y un mes más tarde tuvimos una reunión con ellas en las oficinas de APRAMP. Ocho mujeres nos fueron contando sus experiencias con una crudeza descarnada. Sin cortes, sin manipulaciones, sin amarillismos. Juanma y yo salimos en estado de shock.
El golpe más fuerte, la agresión que cause más destrozos psicológicos, la paliza más violenta sucede al principio, nada más llegar la chica a su destino. Esa fue la gran conclusión. Si nuestra película quería ser fiel y respetuosa con la realidad tendría que empezar así. Pero, desde el punto de vista del guion, si empiezas así de fuerte… ¿Qué va a pasar luego? ¿Qué le vas a hacer a u protagonista? ¿Qué vas a dejar para el final? ¿Qué clase de arco va a ser ese?
A aquella primera versión le sucedieron otras muchas. Poco a poco íbamos accediendo a más historias que enriquecían la nuestra y nuestros personajes se iban inspirando lejanamente (o cercanamente) en algunos extraídos de la realidad, como nuestra entrañable Elizabeth que brotó después del impacto recibido al leer este testimonio. Siempre con el miedo de traspasar esa línea en la que ‘el exceso de’ rebase el umbral de verosimilitud y distancie al espectador de la trama. La verdad y lo verosímil son dos caballos de batalla del guionista. Abordar una historia como esta, donde todo lo que es verdad es inverosímil desde el principio es muy difícil. Pongo un ejemplo. Hace unas semanas comenzamos a trabajar en el diseño del cartel. Queríamos jugar con el concepto de código de barras como símbolo de la mercancía a la que reducen a las mujeres obligadas a prostituirse.
De repente, pocos días después la televisión nos golpeó con la imagen del código de barras real tatuado en una de las rumanas de la calle Montera a las que la policía liberó recientemente.
Si llegamos a incluir semejante salvajismo en la película nos hubieran tachado de exagerados. Porque aunque “Evelyn” es una película de ficción, lo cierto es que nos hemos inspirado en muchos detalles de las historias reales que hemos tenido que ir digiriendo a lo largo del proceso creativo.
Mi película aborda un tema delicado y muy controvertido, lo admito. Pero, ¿para qué sirve el cine? Parece una pregunta pertinente estos días. Yo no tengo la respuesta infalible que convenza a todo el mundo de un plumazo. Pero, con toda la humildad del mundo, opino que las películas no tienen siempre que ser taquilleras, pueden ser sencillamente ‘útiles’ y ‘necesarias’.
El cine es medicina para el alma y a veces alimento para el intelecto. A través de las emociones llegamos a entender muchísimo mejor las razones. Ojalá mi película sirva para tomar conciencia de un problema que gangrena nuestra sociedad. En estos días, en que los españoles tenemos que volver a emigrar a otros países porque no hay trabajo en el nuestro, yo les invito a que se pongan en la piel de Evelyn.
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