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Congo, un médico para salvar a las mujeres

República Democrática del Congo: entre la vida y la muerte

Tharcysse Synga es el único médico del hospital de Minova, en Kivu Sur, República Democrática del Congo (RDC). Cuando el establecimiento recibía decenas de heridos de guerra y personas desplazadas, el Dr. Synga no sólo realizaba hasta 16 operaciones diarias sino que, además, atendía a las traumatizadas víctimas de la violencia sexual.

“Siempre he sido el único médico en este hospital. Lógicamente, no es fácil estar solo, atender consultas, realizar cirugías o ultrasonidos, y tratar a todos los pacientes internados. Sin embargo, durante los períodos de guerra, todo se torna más dramático: el único médico también debe recibir a los heridos de guerra y a los desplazados, muchos de los cuales llegan enfermos tras haber caminado grandes distancias, a veces bajo la lluvia.
Cuando se intensificaron las hostilidades, registramos muchos nuevos casos de personas desplazadas. Algunos de los heridos de guerra estaban en condiciones desesperantes, y no podíamos hacer nada salvo acompañarlos hasta el fin. De los otros, dábamos prioridad a los que tenían posibilidades de sanar, y dejábamos para más tarde los casos más leves. Lo que empeoró la situación fue que, durante este período, algunas enfermeras hicieron huelga y otras se fueron por temor a los enfrentamientos.

Antes de la afluencia de desplazados, realizábamos un promedio de diez intervenciones quirúrgicas diarias. Pero, con la llegada masiva de personas, hacíamos 16 operaciones por día; una vez, llegamos a hacer 17. Con los escasos materiales disponibles, no podíamos hacer más. Hasta tuvimos que exigir a la lavandería que acelerara su trabajo, porque necesitábamos volver a utilizar el material en nuevas operaciones.

Cuando los enfrentamientos se acercaron, todos, tanto los pacientes como quienes los atendíamos, teníamos mucho miedo. En cierto momento, algunos de los pacientes quisieron irse; entonces, algunas enfermeras y yo los cargamos sobre la espalda y los regresamos a sus casas, donde se sentían más seguros que en el hospital.

Como es habitual, el desplazamiento trajo consigo otros fenómenos. Cuando hay guerra, hay grupos armados, hay gente sin moral, que roba y hostiga a la población. Aquí, en Minova, hemos tenido muchos casos de violencia sexual.

La violencia sexual es un barómetro de la guerra; cuando se intensifican las hostilidades, se multiplican los casos de violencia sexual. Por otra parte, es un arma de guerra. Esto significa que un grupo étnico viola a las mujeres de otro grupo étnico y viceversa.

Entre los casos de trauma grave, atendimos a una niña de seis años que había sido violada junto con su hermana mayor, que había muerto, y su madre. La niña había sufrido la dislocación de la cadera izquierda y la madre tuvo que caminar más de 50 kilómetros hasta nuestro hospital con la niña sobre la espalda. Imagínese. Como no teníamos traumatólogo, tuvimos que derivarla al hospital de Panzi, en Mukavu, a ocho horas de viaje por carretera.

Las mujeres mayores no se salvan de la violación. Una señora de 69 años fue violada por unos ocho hombres armados. Después de violarla, le llenaron la vagina de arena. Un mes más tarde, durante la consulta, vi que todavía tenía arena en la vagina. Imagine el daño que esto causó a su cuerpo.
Pese al alto el fuego acordado entre los beligerantes, siguen llegando nuevos casos de violencia sexual: treinta en diciembre, y más de treinta en enero; sólo ayer tuvimos siete casos nuevos.”

Fuente: IFRCMEDICA

Angèle Diabang

Nacida en Dakar y formada en Senegal, Francia y Alemania, Angèle Diabang es la directora de películas como Mon beau sourire, Sénégalaises et Islam y Yandé Codou, la griotte de Senghor, entre otras. A pesar de que “no es por militancia”, como afirma ella misma, la realidad de la mujer africana está presente en la gran mayoría de sus películas. Su próximo proyecto Une si longue lettre, una adaptación de la novela de Mariama Bâ al cine, trata la cuestión de la poligamia desde la mirada femenina.

También es la precursora de Karoninka, la productora creada en 2006, que ha producido 12 películas de países como Mali, Togo, Cabo Verde, Congo y Senegal y goza de un creciente reconocimiento a través de varios festivales y premios. Es una muestra de que “África se mueve” y un reflejo de la situación esperanzadora que está viviendo Senegal en relación al cine y que Diabang defiende: “Diría que la situación en Senegal es prometedora, sobre todo a través del la creación del FOPICA, un fondo de promoción de la industria cinematográfica y audiovisual. Es todo un ejemplo en África y muy alentador”.

Congo, un médecin pour sauver les femmes [Extrait] from FIGRA on Vimeo.
 También puedes consultar: El ginecologo que salva mujeres, en El País.

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